GANADERÍA XUÍZ. BÓVEDA (LUGO)

Una vocación convertida en proyecto de vida

Con apenas veinte años, Pablo Rodríguez decidió que las doce vacas de leche de sus abuelos no podían ser el final de una historia. Ocho años después, Ganadería Xuíz suma 220 animales, dos robots de ordeño, 110 hectáreas y un equipo de tres personas. Su evolución se ha apoyado en la inversión, el asesoramiento y una idea que se repite detrás de cada decisión: mejorar el funcionamiento de toda la granja antes de volver a crecer. Más en Vaca Pinta 61.

Ganadería Xuíz

Localización: A Portaxe, Bóveda (Lugo)

Propietario: Pablo Rodríguez

Trabajadores: 2

N.º total de animales: 220

Vacas en ordeño: 110

Media de producción: 46-47 kg/vaca/día

Porcentaje de grasa: 3,74 %

Porcentaje de proteína: 3,35-3,40 %

Venta de la leche: Queserías Entrepinares

Precio de la leche: 0,455 €/litro + calidades + IVA

Pablo Rodríguez no nació en una casa completamente ajena a las vacas, pero tampoco creció dentro de una gran ganadería que estuviese esperando su incorporación. Sus abuelos mantenían en la aldea de A Portaxe, en el municipio lucense de Bóveda, una pequeña granja mixta con unas doce vacas de leche y otras tantas de carne. Era una actividad de subsistencia y, con sus abuelos próximos a la jubilación, su continuidad parecía poco probable.

Él vivía en Quiroga, pero pasaba allí buena parte de los veranos. “Desde pequeño me encantaba estar entre los animales y en las fincas. Era lo que me gustaba”, recuerda. Al alcanzar la mayoría de edad tuvo claro que quería dedicarse a ello. “Fue básicamente por pasión. Sabía que quería dedicarme a esto, tengo las ideas bastante claras y no doy demasiadas vueltas a las cosas”, recalca.

Su incorporación cambió por completo el rumbo de la ganadería. Vendió progresivamente los animales de carne, compró vacas de leche y proyectó unas instalaciones nuevas. La nave comenzó a funcionar en 2018 con capacidad para unas 50 o 60 productoras. Desde entonces, el crecimiento ha sido constante. Primero, incorporó animales adquiridos en otras ganaderías y, después, fue aumentando el censo a través de su propia recría. En paralelo, amplió las instalaciones, sumó superficie arrendada, reforzó el parque de maquinaria y fue profesionalizando la organización del trabajo.

Hoy, con 28 años, Pablo es el único propietario de Ganadería Xuíz. Su padre, Vicente Rodríguez, que había compartido con él la titularidad de la sociedad, se jubiló hace dos años, aunque continúa ayudándole. “Mi padre sigue siendo un pilar fundamental, aunque ahora esté jubilado”, destaca.

Pablo se dedica exclusivamente a la ganadería y su formación se ha construido a pie de granja. Nunca cursó estudios específicos de producción de leche y ha basado su aprendizaje en la experiencia, la observación y el asesoramiento. “Mi formación ha sido rodearme de buenos asesores, aprender de ellos, observar a otros ganaderos a los que les va bien e intentar trasladar aquellas cosas que veo que funcionan”, resume.


“Intento que los trabajadores tengan una buena calidad de vida, que puedan conciliar con su familia y que dispongan de unos horarios atractivos”

Buenas condiciones para un equipo estable

Ganadería Xuíz cuenta actualmente con dos empleados, además de Pablo. La primera contratación llegó cuando comenzaron a llenar las instalaciones iniciales y el posterior crecimiento del rebaño hizo necesaria una segunda incorporación.

La organización del trabajo busca garantizar la atención de la granja sin renunciar a unas condiciones atractivas para el personal. De lunes a miércoles se reparten en turnos continuos de mañana y tarde, y concentran las tareas más intensas, como el mantenimiento de las camas, la limpieza y los trabajos de recría. Entre el jueves y el domingo, uno de los empleados libra y el otro realiza jornada partida. Ambos descansan dos días consecutivos a la semana y un fin de semana completo cada dos semanas.

“Intento que tengan una buena calidad de vida, que puedan conciliar con su familia y que dispongan de unos horarios atractivos”, explica Pablo. Para él, la estabilidad del equipo forma parte del funcionamiento técnico de la empresa: “La granja no se asienta sobre un único pilar. Tiene que funcionar el bienestar animal, la alimentación, los cultivos y también la motivación de las personas”.

La robotización ha ayudado a reorganizar estos horarios y también ha aportado más flexibilidad al propio ganadero. “Cuando eres ganadero y autónomo siempre tienes la cabeza en la empresa, pero con los robots tienes otra calma. Puedes marcharte unos días y ver desde fuera la producción, la salud de las vacas o si están entrando a ordeñarse”, señala.     


La estructura de la nave principal se diseñó pensando en una posible ampliación y en la futura incorporación de ordeño automático, dos previsiones que terminaron materializándose

Instalaciones para cada fase del ciclo

La nave de lactación cuenta con cerca de 2.000 metros cuadrados y 110 cubículos. La primera parte se construyó en 2018 y en 2021 se amplió para otros 50 o 55 animales. Alberga a las vacas productoras y dispone de una zona de preparto, a la que se trasladan entre siete y ocho días antes de la fecha prevista de parto. La estructura inicial ya se había diseñado pensando en una posible ampliación y en la futura incorporación de ordeño automático, dos previsiones que terminaron materializándose.

Los cubículos se rellenan con una mezcla de serrín, cascarilla de arroz y carbonato cálcico y se repasan dos veces al día. Pablo descarta la arena por las dificultades que supondría para la gestión del purín y por el desgaste que podría causar en arrobaderas y otros equipos: “Busco un equilibrio. El serrín con carbonato exige trabajarlo todos los días, pero, con un buen manejo, funciona bien y, además, acaba incorporándose a las tierras y nos aporta cal”.

Las vacas secas se alojan en el antiguo establo de sus abuelos, reformado para ganar ventilación y luz y acondicionado con cama caliente, cornadizas y pasillo de alimentación. Este tipo de cama se mantiene también en el preparto y en toda la recría. Se aporta material en días alternos y se retira cada diez o quince días. “Da bastante trabajo tenerla bien, pero creemos que es donde mejor descansan las vacas secas”, asegura.

En la nave de lactación, tres arrobaderas automáticas limpian los pasillos cada tres horas. Hay, además, dos cepillos rascadores y diez bebederos de acero inoxidable, distribuidos para evitar desplazamientos y competencia. Se limpian a diario y ofrecen entre 15 y 20 centímetros lineales por animal. Para combatir el estrés térmico colocó cuatro grandes ventiladores, dos de cinco metros y otros dos de seis, que se activan cuando la temperatura supera los 18 grados y aumentan su intensidad conforme sube el calor.

La granja dispone también de dos fosas de purín unidas y cubiertas, con una capacidad conjunta próxima a los tres millones de litros. Así consigue almacenar prácticamente toda la producción anual y aplicarla cuando los cultivos realmente la necesitan. Para los forrajes cuenta con dos silos de trinchera de hormigón, uno destinado principalmente al maíz y otro a la hierba. Su longitud y el acceso desde ambos extremos permiten separar diferentes cortes o campañas y mantener un frente de consumo adecuado.

Tres grandes lotes y una recría muy dividida

El rebaño se organiza en tres grandes grupos: vacas en lactación, vacas secas y recría. A su vez, esta última se divide en ocho lotes según edad, tamaño y condición corporal.

Tras el nacimiento, el objetivo es suministrar a las terneras cuatro litros de calostro durante las primeras seis horas de vida. Después, permanecen tres o cuatro días en boxes individuales, donde reciben leche materna. Recientemente, ha comenzado también a utilizar leche de transición por recomendación de sus asesores.

A continuación, las becerras se trasladan a una nave arrendada próxima a la granja principal, donde se desarrolla el resto de la recría. Allí cuenta con una amamantadora automática. El destete se realiza entre los 80 y los 90 días, con un peso medio de 110 a 120 kilos y el objetivo de superar un kilo de ganancia media diaria.

Después pasan a distintos grupos, con alimentación ajustada a cada etapa. Hasta los seis meses tienen concentrado a libre disposición y hierba seca de buena calidad; a partir de esa edad, el pienso se limita a unos tres o cuatro kilos diarios. “Los lotes se hacen por edad, pero también por condición corporal. Intentamos que sean homogéneos para reducir la competencia”, explica.

La amamantadora lleva tres años en funcionamiento y, según Pablo, ha mejorado la regularidad de la alimentación y el bienestar, al permitir controlar la temperatura y concentración de cada toma y criar las terneras en grupo. Durante la lactancia pueden tomar agua y pienso starter desde el primer día. A mayores, los técnicos de recría realizan ecografías pulmonares cada quince días y un seguimiento intensivo durante los dos primeros meses.

Todos los animales llevan un dispositivo de monitorización desde que nacen. El sistema informa de cambios en actividad, rumia o comportamiento y resulta especialmente útil en la nave de recría, donde la presencia de personal se concentra por las mañanas. Una vez confirmada la gestación, las novillas permanecen allí hasta dos meses antes del parto, cuando regresan al establo de secas.


“El aumento de leche con los robots nos sorprendió mucho y tenemos que adaptar las decisiones reproductivas a este sistema”

Reproducción: datos para decidir el momento

La primera inseminación de las novillas se realiza de media entre los 12 y los 13 meses, siempre que hayan alcanzado aproximadamente 400 kilos y un desarrollo corporal adecuado. “Que una novilla cumpla doce meses no significa que haya que inseminarla. Tiene que tener también el peso y el tamaño suficientes”, subraya Pablo.

La media se sitúa entre 1,6 y 1,7 inseminaciones por preñez en novillas y entre 2 y 2,2 en vacas, con un intervalo entre partos próximo a los 420 días.

La llegada de los robots y el incremento de producción han llevado a retrasar el periodo voluntario de espera. Si antes comenzaba a inseminar entre los 60 y los 70 días posparto, ahora lo hace en torno a los 90 días en vacas adultas y entre 110 y 120 en primíparas. “El aumento de leche con los robots nos sorprendió mucho y tenemos que adaptar las decisiones reproductivas a este sistema”, apunta.

La detección de celos se basa casi por completo en la monitorización. Las vacas adultas llevan collares desde hace cinco o seis años y las novillas, desde hace aproximadamente dos. Las sincronizaciones se reservan para casos puntuales. Con este sistema alcanza una tasa de detección de celos próxima al 78 %, una fertilidad de entre el 38 y el 40 % y una tasa de preñez de alrededor del 26-27 %. Pablo considera que, con el censo actual, sería muy difícil mantener esos registros únicamente mediante observación visual.

Desde hace dos o tres años aplica, además, secado selectivo. Pablo se reúne una vez al mes con su asesora de calidad de leche para decidir, en función del recuento celular, la producción y otros factores, qué animales necesitan antibiótico y en cuáles es suficiente el sellador interno. “La idea es utilizar el mínimo antibiótico posible e invertir en prevención”, recalca.     


 “Genotipar nos permite saber cuáles son realmente las mejores hembras, calcular la recría que vamos a necesitar y obtenerla de esos animales”

El cambio que más se notó

La instalación de dos robots de ordeño en diciembre de 2025 marcó el último gran punto de inflexión de Ganadería Xuíz. Hasta entonces, las vacas se ordeñaban dos veces al día en una sala de espina de pescado de ocho puntos.

Pablo había visitado numerosas granjas robotizadas antes de tomar la decisión. Lo convencieron la tranquilidad de los animales, la posibilidad de aumentar el número de ordeños y la flexibilidad para organizar el trabajo. La instalación se hizo en una nave ocupada, lo que generaba dudas sobre la adaptación, pero el proceso fue más rápido de lo esperado. “Le tenía bastante miedo a los primeros días, pero las vacas se acostumbraron incluso antes que nosotros”, indica.

En el momento de la visita, los robots atendían a unas 106-110 vacas, prácticamente el número objetivo para las dos unidades. La media se situaba alrededor de 3,5 ordeños por animal y día.

La producción fue el cambio más evidente. Pablo esperaba ganar entre tres y cuatro kilos, pero el incremento alcanzó los ocho. Actualmente, se mueven entre 46 y 47 kilos por vaca y día, con un 3,74 % de grasa, entre un 3,35 y un 3,40 % de proteína y un recuento celular de 200.000-210.000 células/ml.

“En nuestro caso, el aumento en producción fue abismal. Sin incorporar más trabajadores, pasamos de dos ordeños a 3,5 y ganamos unos ocho kilos de leche”, valora.

También se redujo notablemente el tiempo dedicado al ordeño. Antes ocupaba algo más de dos horas por la mañana y otras tantas por la tarde; ahora, la rutina consiste en introducir unos pocos retrasos y revisar la nave. “En media hora puedes tener resuelta la parte principal y dedicar ese tiempo a la recría, a los cultivos o a otras tareas”, señala.

El sistema aporta además datos individuales sobre producción, frecuencia de ordeño, actividad y salud. La alimentación tuvo que adaptarse, pues parte del concentrado que antes se suministraba en el pesebre pasó al robot, donde se asigna de manera individual según la producción y el momento de lactación.

Seleccionar la recría que realmente se necesita

Todo el rebaño es de raza holstein y, desde hace tres años, genotipa a la totalidad de las hembras. Dos veces al año, Pablo se reúne con su genetista para revisar los resultados, los acoplamientos y la estrategia reproductiva.

El objetivo es producir solo la reposición necesaria. El semen sexado holstein se reserva para el 25-30 % de las novillas y vacas con mejores índices; en el resto emplea semen sexado de carne, principalmente azul belga y, en menor medida, angus. Si tras dos o tres inseminaciones no se logra la gestación, recurre a semen convencional de angus.

“Genotipar nos permite saber cuáles son realmente las mejores hembras, calcular la recría que vamos a necesitar y obtenerla de esos animales. El resto se insemina con carne, porque los terneros cruzados representan también un ingreso interesante”, explica.

En la elección de los toros busca producciones altas sin perder grasa ni proteína, buenas ubres y pezones adecuados para el robot, facilidad de parto, fertilidad y longevidad. Utiliza exclusivamente toros genómicos porque considera que esta herramienta le permite avanzar más rápido. La estrategia genética está además muy condicionada por el destino quesero de la leche y por la necesidad de no sacrificar sólidos al aumentar los litros.

“El reto es tener litros y, al mismo tiempo, sólidos. Quiero vacas equilibradas que funcionen en nuestro establo y respondan a lo que nos pide la industria”, subraya.


“Lo principal para tener una buena alimentación es producir forrajes de calidad a un coste razonable”

Producir la base de la ración

Ganadería Xuíz produce todos los silos de maíz y hierba, así como la hierba seca necesaria para el rebaño. Compra la paja, los concentrados y materias complementarias como el bagazo de cerveza.

Pablo prepara diariamente las raciones con un carro mezclador autopropulsado. La de producción combina 24 kg de silo de maíz, 11,5 kg de silo de hierba, 8 kg de bagazo de cerveza y 8,5 kg de concentrado, a los que se suma el pienso que cada vaca recibe en el robot. Para las secas trabaja con 7 kg de paja picada, 10 kg de silo de maíz y 4 kg de concentrado específico.

“Tener una buena alimentación no depende solo de comprar materias primas. Para mí, lo principal es producir forrajes de calidad a un coste razonable”, sostiene.

Gestiona alrededor de 110 hectáreas, de las que unas 25 o 26 son en propiedad y el resto arrendadas. La disponibilidad de superficie le ha permitido separar las parcelas de maíz de las praderas permanentes, en lugar de alternar obligatoriamente ambos cultivos en todas las fincas. Estas últimas facilitan trabajar con variedades de mayor calidad, mantenerlas durante más tiempo y reducir los costes de implantación.

En las fincas de maíz siembra nabos forrajeros durante el invierno como cultivo de cobertura. No se destinan a alimentación, sino a proteger el suelo frente a escorrentías y pérdidas de nutrientes. Antes de la siguiente siembra se trituran y se incorporan como abono natural.

Realiza dos cortes de hierba para silo, uno de hierba seca y una cosecha anual de maíz. El primer corte de hierba, entre finales de marzo y comienzos de abril, produce unos 7.000-8.000 kg/ha y se busca sobre todo calidad; el segundo, alrededor de un mes después, alcanza 11.000-12.000 kg/ha. En maíz, las producciones habituales oscilan entre 30 y 35 toneladas por hectárea, aunque en años favorables pueden acercarse a 40. Utiliza ciclos 600 en las parcelas que permiten sembrar temprano y 400 en las más tardías, y normalmente ensila entre finales de septiembre y comienzos de octubre.

Las parcelas más alejadas de la nave de lactación están a unos tres kilómetros y existe otro grupo alrededor de la nave de recría, destinado a producir forraje para esos animales. Esta proximidad facilita la logística y el retorno de los nutrientes a las tierras. Toda la materia orgánica generada se utiliza como fertilizante y la capacidad de las fosas permite aplicarla en los momentos de mayor necesidad de los cultivos. La extracción y aplicación del purín se externaliza, al igual que el ensilado; el resto de las labores se realizan con medios propios.

Más maquinaria para depender menos

El crecimiento de la base territorial fue acompañado de una fuerte inversión en maquinaria. En la actualidad, realiza con medios propios prácticamente todos los trabajos agrícolas, salvo el ensilado y la extracción del purín.

Entre las incorporaciones más recientes figura un tractor equipado con guiado y agricultura de precisión, que permite reducir solapamientos y optimizar el uso de semillas, fertilizantes y combustible. Dispone también de segadoras frontal y arrastrada, sembradoras de maíz y hierba, abonadora, arado, grada rápida y rotativa, esparcidor de estiércol y equipos para extender y compactar los silos.

“Conocer las fincas y hacer nosotros los trabajos nos permite sembrar cuando consideramos que las condiciones son adecuadas. No dependemos de cuándo pueda venir otra persona”, indica. Esa autonomía resulta especialmente importante en una zona en la que las ventanas de trabajo pueden ser cortas y unos días de diferencia condicionan la fecha de siembra o la calidad con la que se recoge un forraje.

Dentro de la granja, la mecanización se completa con el carro mezclador, la amamantadora, las arrobaderas y un robot arrimador de comida instalado hace tres o cuatro años. Pablo lo considera ya imprescindible para mantener alimento disponible durante todo el día y favorecer el consumo.

victor manrique
Víctor Manrique, asesor de Alimentación en Ganadería Xuíz
“La alimentación debe sacar todo el potencial genético sin perder de vista la salud y los sólidos”

¿Desde cuándo trabaja con Ganadería Xuíz y cómo comenzó su relación con Pablo?

Empecé a trabajar aquí en 2020, cuando Pablo estaba iniciando el desarrollo de la ganadería. Yo ya atendía a otros clientes de esta zona, alguno de ellos familiar suyo, y fue entonces cuando se puso en contacto conmigo. Desde aquel momento, intentamos trabajar como un equipo y acompañar la evolución que ha experimentado la granja durante estos años.

¿En qué consiste actualmente su asesoramiento?

Me encargo de todo lo relacionado con la alimentación de los animales en sus diferentes fases: vacas en producción, vacas secas y recría. Intentamos formular raciones ajustadas a los objetivos de cada grupo y trabajar en una mejora continua de la calidad de los forrajes.

Normalmente, visito la granja una vez al mes, aunque puedo venir con mayor frecuencia cuando se produce un cambio de silo o aparece alguna variación en el consumo, en el picado de la comida o en los resultados productivos. Desde que se instalaron los robots también reviso los datos que proporciona el sistema de gestión de la granja cada semana, porque ahí encontramos mucha información útil para detectar aspectos que podemos mejorar.

¿Cómo está planteada la alimentación de las productoras tras la robotización?

Con el robot, la alimentación está parcialmente disociada. Por un lado, las vacas reciben una ración base en el pesebre y, por otro, el robot aporta un complemento individual de concentrado en función de la producción y de las necesidades de cada animal.

Trabajamos con forrajes producidos en la propia explotación: silo de maíz y silo de hierba. A ellos se añaden bagazo de cerveza y el concentrado necesario. En el momento de la visita, la ración del pesebre incluía 24 kg de silo de maíz, 11,5 kg de silo de hierba, 8 kg de bagazo y 8,5 kg de pienso, mientras que el consumo medio de concentrado en el robot se sitúa en torno a 6,5 kilos.

Las vacas secas reciben una mezcla adaptada a esta etapa, con el objetivo de favorecer buenos partos y buenos arranques de lactación. En la recría, la alimentación se va modificando según la edad, desde el pienso de arranque hasta las raciones con hierba seca, silo y concentrado.

¿Fue necesario realizar cambios para adaptar las vacas al robot?

Sí. Hubo que reducir poco a poco el concentrado de la ración del pesebre y trasladar una parte al robot. La adaptación fue muy buena. Durante la primera semana fuimos acostumbrando a los animales y los incorporamos poco a poco, pero, al comprobar que entraban bien, abrimos el acceso y las vacas se adaptaron muy rápido a la nueva rutina.

A día de hoy, están alrededor de 3,5 ordeños y entre 2,4 y 2,5 rechazos diarios. Esto indica que el ciclo entre descanso, alimentación y ordeño está funcionando correctamente y que los robots no están saturados en exceso.

¿Cuáles son ahora los principales objetivos del trabajo nutricional?

La primera prioridad siempre es la salud de los animales. Después, queremos aprovechar todo el potencial genético de estas vacas. Además, Pablo entrega la leche a una industria quesera con unas exigencias concretas en cuanto a grasa y proteína, por lo que el objetivo es producir muchos litros, pero manteniendo y, si es posible, mejorando los niveles de sólidos. Es un aspecto en el que estamos trabajando tanto desde la alimentación como desde la genética.

¿Qué importancia tiene la coordinación entre los distintos asesores?

Es imprescindible. La alimentación es uno de los pilares de la producción y de la salud, pero no puede analizarse de manera aislada. Ante una caída de producción, un aumento del recuento celular o cualquier otra incidencia, tenemos que valorar si puede existir una causa nutricional y contrastarla con el resto de los técnicos.

Lo importante es formar un equipo, escuchar diferentes opiniones y trabajar en sintonía con Pablo para que todo el engranaje de la granja funcione correctamente.

Leche para queso

Ganadería Xuíz entrega su producción a Queserías Entrepinares desde hace aproximadamente tres o cuatro años. Antes trabajaba con Leche Río y el cambio de destino reforzó la atención sobre los sólidos, ya que la industria quesera demanda buenos niveles de grasa y proteína.

“Estoy orgulloso de ser proveedor de Entrepinares. Es una industria muy valorada dentro del sector y estoy contento con la relación”, afirma Pablo. En el momento de la entrevista, percibía alrededor de 0,455 euros por litro, más calidades e IVA.

La elevada producción actual obliga a buscar un equilibrio entre litros y sólidos, un objetivo que condiciona tanto la formulación de las raciones como la selección genética. La meta no es maximizar únicamente el volumen, sino conseguir que el incremento productivo mantenga el valor de la leche para su transformación quesera.


“Creo que tenemos un futuro apasionante. Cuando alguien sale de la ciudad y viene al rural, le gusta ver los prados verdes, las fincas cultivadas y el paisaje cuidado. Todo eso existe porque todavía hay ganaderos trabajando”

Mejorar antes que volver a crecer

Después de varios años encadenando inversiones, Pablo no contempla una nueva ampliación del censo a corto plazo. La nave está prácticamente en su capacidad, los dos robots trabajan con algo más de un centenar de vacas y el equipo humano está dimensionado para ese volumen.

“Ahora mismo no pienso en aumentar animales. Quiero perfeccionar lo que tengo, conservar al personal, que estén contentos y que el trabajo salga bien. La idea es producir más con menos recursos”, acepta.

La siguiente inversión prevista será la instalación de placas solares en la nave de lactación antes de que finalice 2026. La granja tiene ya aprobada una ayuda para ejecutarla y espera reducir con ella parte del consumo eléctrico asociado a robots, ventilación, arrobaderas y otros equipos automáticos, especialmente durante los meses de verano.

Pablo relaciona esta actuación con una visión más amplia de la eficiencia, con producir buena parte de los alimentos en tierras próximas, aprovechar los nutrientes generados por los animales y reducir los consumos allí donde sea posible.

Su visión del futuro del sector es positiva. “Creo que tenemos un futuro apasionante. Cuando alguien sale de la ciudad y viene al rural, le gusta ver los prados verdes, las fincas cultivadas y el paisaje cuidado. Todo eso existe porque todavía hay ganaderos trabajando”, defiende.

Ocho años después de haber apostado por aquellas doce vacas, el reto ya no es demostrar que Ganadería Xuíz podía continuar, sino consolidar una empresa que ha crecido deprisa y que ahora busca sacar el máximo partido a cada inversión.

 

Cómo hemos cambiado... en siete años (2019-2026)

Vaca Pinta visitó por primera vez a Pablo Rodríguez en Ganadería Xuíz a finales de 2019. La nave nueva llevaba poco más de un año en funcionamiento, ordeñaban 47 vacas y el proyecto todavía se encontraba en plena construcción. Siete años después, regresamos a Bóveda para comprobar qué planes se cumplieron y hasta dónde llegó aquella granja que acababa prácticamente de empezar.

En aquel momento, la sociedad estaba integrada por Pablo y por su padre, Vicente Rodríguez. Actualmente, Vicente está jubilado y su hijo es el único propietario. La familia continúa vinculada a la actividad, pero la empresa ha incorporado a dos trabajadores y ha creado un sistema de turnos que les permite librar dos días por semana y un fin de semana de cada dos.

La contratación de personal era precisamente uno de los objetivos que Pablo manifestaba en 2019. Entonces explicaba que, cuando llenase el establo, necesitaría ayuda para mantener el nivel de atención que buscaba y para disponer de algo más de tiempo libre. No solo incorporó a aquel primer empleado, sino que el posterior crecimiento hizo necesaria una segunda contratación.

El censo pasó de 90 a 220 animales y las vacas en ordeño aumentaron de 47 a alrededor de 110. La nave inicial, de 1.260 metros cuadrados y capacidad para unas 60 productoras, se amplió en 2021 y hoy dispone de aproximadamente 2.000 metros cuadrados y 110 cubículos.

La evolución más visible está en el ordeño. En 2019 trabajaba dos veces al día en una sala de espina de pescado de ocho puntos. Desde diciembre de 2025, aquella sala ha sido sustituida por dos robots, con los que alcanza una media de 3,5 ordeños diarios, y la robotización elevó la producción desde los 37,6 litros por vaca y día hasta los 46-47 kilos actuales.

Otra previsión cumplida fue la reforma del establo antiguo. En 2019 las vacas secas permanecían de manera provisional en la nave de producción, mientras Pablo preparaba la rehabilitación de las instalaciones de sus abuelos. Hoy, ese edificio dispone de más luz y ventilación, cama caliente, cornadiza y pasillo de alimentación, y se utiliza específicamente para las secas. También implantaron el secado selectivo que entonces aparecía entre sus próximos objetivos.

La recría siguió el camino contrario. En la primera etapa estaba externalizada y, en la actualidad, Xuíz ha alquilado otra nave próxima y gestiona directamente todo el proceso. Las becerras pasan allí con cuatro o cinco días, se alimentan en una amamantadora automática y permanecen hasta que se diagnostican gestantes. Además, todas llevan monitorización electrónica desde el nacimiento.

La tecnología confirmó otra de las previsiones de Pablo. En 2019, con un rebaño reducido, la detección de celos era visual, aunque ya advertía que necesitaría un sistema electrónico cuando aumentase el número de animales. Hoy, la totalidad del rebaño está monitorizada, la tasa de detección ronda el 78 % y la observación visual ha dejado de ser el método principal.

La estrategia genética también ganó precisión. Ya utilizaban toros genómicos y semen sexado, pero en la actualidad el 100 % de las hembras están genotipadas. La reposición se obtiene del 25-30 % de animales con mejores índices y el resto se insemina con semen de carne.

En las tierras, el salto fue igual de importante. La base territorial pasó de 35 a unas 110 hectáreas. También modificaron la organización de los cultivos. En lugar de alternar necesariamente hierba y maíz en la mayoría de las fincas, mantienen un grupo de praderas permanentes y otro dedicado al maíz. Las parcelas de maíz se cubren en invierno con nabos forrajeros que protegen el suelo y, más tarde, se incorporan como abono verde.

En 2019 disponían de maquinaria limitada y externalizaban buena parte de las labores. Siete años después cuentan con un parque mucho más completo y realizan directamente todo el trabajo agrícola, salvo los ensilados y la aplicación del purín.

El almacenamiento también se amplió. Aquel único silo de hormigón, al que Pablo esperaba añadir una o dos estructuras, dio paso a dos silos de trinchera que pueden consumirse desde ambos extremos. Las fosas de purín pasaron a tener una capacidad conjunta cercana a tres millones de litros y están cubiertas por completo.

Por último, cambió la industria de destino. En 2019 vendían a Grupo Leche Río a 0,32 euros por kilo más calidades e IVA. Hoy entregan a Queserías Entrepinares y perciben alrededor de 0,455 euros por litro más primas e IVA.

En la primera visita, Pablo hablaba de ampliar la nave y seguir creciendo. Ahora, con la ampliación ejecutada, 220 animales y dos robots, el discurso es diferente. Su próximo paso no consiste en sumar más vacas, sino en perfeccionar el modelo construido durante estos siete años: estabilizar el equipo, mejorar los resultados, instalar placas solares y producir de una manera más eficiente.