LA MARINA DE RETORTILLO. VALDÁLIGA (CANTABRIA)

Excelencia y rigor, dos cualidades que unen la ganadería y el universo de la revista ¡Hola!

Viajamos al corazón de Valdáliga para conocer de primera mano La Marina de Retortillo, una granja referente en España para aquellos amantes de la genética de la raza holstein. Su propietario, Eduardo Sánchez, y su gerente, José Manuel Paz, nos han abierto las puertas de su casa para desvelarnos la verdadera historia de esta ganadería tan unida al mundo de la comunicación. Más en Vaca Pinta 50.

Localización: Valdáliga (Cantabria)

Propietarios: familia Sánchez Pérez

N.º total de animales: 160

Vacas en ordeño: 80-90

Media de producción: 36-38 l/vaca/día

Porcentaje de grasa: 3,70 %

Porcentaje de proteína: 3,60 %

RCS: 200.000-250.000 céls./ml

Venta de la leche: Nestlé

Precio de la leche: 0,48 €/litro más calidades

La Marina de Retortillo, a punto de cumplir 50 años de trayectoria, sobresale en el sector por su gran apuesta, desde sus inicios, por la alta genética y la búsqueda de la excelencia de la raza holstein.

Su fundador, Eduardo Sánchez Junco, dueño de la finca El Retortillo, de Burgos, era un auténtico apasionado de la naturaleza, de las vacas y de la selección genética y, junto al cántabro Guillermo Paz, creó en 1976 esta ganadería de producción láctea.

A día de hoy, los hijos de Eduardo y de Guillermo, Eduardo Sánchez y José Manuel Paz, continúan con el legado que les dejaron sus padres: José Manuel, como actual gerente y responsable de la ganadería, y Eduardo, como propietario, compaginando el mundo de la ganadería con la dirección de una de las publicaciones de sociedad, moda y belleza con más éxito del panorama nacional, como es la revista ¡Hola!

“Nuestra pasión sigue estando en esta ganadería, que con tanta ilusión comenzó mi padre, quien se convirtió en aquellos años en una figura relevante en el desarrollo de la genética de la vaca frisona en España”, destaca Eduardo recordando que El Retortillo fue la primera granja española en realizar una inseminación artificial.


Eduardo Sánchez: “La alianza de El Retortillo con La Marina ha llevado a esta última a ser lo que es hoy, una ganadería de las mejores de Cantabria y de España por cualificación”

 

¿QUÉ FUE PRIMERO, LA GRANJA O LA REVISTA?

Antes de periodista, Eduardo Sánchez Junco fue ingeniero agrónomo. “Mi abuelo, por aquel entonces, le recomendó a mi padre que estudiara la ingeniería porque consideraba que tendría un futuro más seguro”, se sincera su hijo Eduardo. Él tenía muchísimo amor por los animales, especialmente por las vacas frisonas, y este fue desde el principio su gran proyecto.

“La alianza de El Retortillo con La Marina ha llevado a esta última a ser lo que es hoy, una ganadería de las mejores de Cantabria y de España por cualificación”, subraya Eduardo. Tanto que en el último ranking de la Confederación de Asociaciones de Frisona Española (Conafe) con las mejores granjas por cualificación morfolófica, La Marina de Retortillo se posiciona en el puesto ocho, con una media de 85,36 puntos.

De la unión de ambos sectores, Sánchez Pérez remarca un gran nexo en común: “El hacer las cosas con buen gusto buscando siempre la excelencia y la rigurosidad”.

Reconoce que son dos proyectos variopintos, pero cree que tienen el mismo origen pasional y el mismo cuidado y vocación. Señala, además, que para alcanzar el éxito en ambos se necesita una gran dedicación y un esfuerzo permanente.


José Manuel Paz: “Intento coordinar la genética y los buenos pedigrís de las vacas con el rendimiento de la granja”

“Nosotros estamos trabajando y apoyando mucho la evolución de la granja, hemos incorporado tecnología para garantizar un futuro interesante.  Así nos gustaría que fuera”, admite Eduardo. Su siguiente generación conserva el gusto por el gran proyecto de su abuelo y la ilusión de esta familia pasa por continuar con este legado.

En este sentido, el director de la revista ¡Hola! confía plenamente en el trabajo de José Manuel Paz. “Su gran vocación, su profesionalidad y su espíritu de trabajo han sido siempre impecables y es el alma mater de La Marina. Tiene una gran capacidad para seleccionar y buscar la mejor genética y es quien toma las decisiones y dirige absolutamente la explotación”, concluye.

LA MORFOLOGÍA, PILAR FUNDAMENTAL

“Eduardo Sánchez Junco era como un segundo padre para mí”, cuenta José Manuel Paz. Le inculcó su pasión por las vacas, por los concursos y por la morfología de los animales, un aspecto que se convirtió en el pilar básico de la gestión de La Marina.

“Intento coordinar la genética y los buenos pedigrís de las vacas con el rendimiento de la granja. Para mí es básico”, resume el ganadero.

Selecciona a los toros en base al tipo y está subiendo el listón cada vez más sobre la producción. Apuesta en mayor cantidad por sementales probados, aunque también usa genómicos y combina en cada campaña entre seis y ocho toros.

Han empezado a genotipar al rebaño, gracias a un servicio subvencionado por la Asociación Frisona de Cantabria (AFCA), y “aunque continuamos fiándonos de lo que vamos viendo –dice–, esta es una herramienta más que disponemos para seguir mejorando”.

Inseminan siempre con semen sexado, para obtener mucha recría y solo en casos extremos, de poca fertilidad, ponen algún toro angus.

“Hemos calificado en 2024 un total de 66 vacas, conseguimos 11 EX (excelentes), 44 MB (muy buenas), de las cuales 22 son de primer parto, y 11 BB (bastante buenas) de primer parto”, enumera.

Entre todas las familias de vacas que han pasado por la granja, José Manuel recuerda con especial cariño a la frisona “Marina Stormatic Siberia, una vaca muy dominante en nuestra ganadería con varias hijas, nietas y bisnietas excelentes”.


J. M. P.: “Disfrutamos mucho de la subasta, pasamos un día muy agradable y ponemos en valor el trabajo que seguimos haciendo por la raza holstein española”

UNA CITA ANUAL: SU SUBASTA DE ÉLITE

Con una lista de animales con pedigrís muy buenos y una recría más que amplia, José Manuel propuso a la empresa la idea de organizar cada año una subasta de animales de alto valor genético para dar salida a estos ejemplares y seguir promocionando el nombre de La Marina en el sector.

“Al utilizar en la gran mayoría de nuestras vacas semen sexado, logramos tener un excedente de animales de calidad para realizar la subasta y todo ello supone un ingreso importante en el año”, indica Paz.

De esta manera surgió la idea y, desde hace unos cuatro años, vienen celebrando a finales del mes de octubre una cita que ya es reconocida en el calendario del vacuno de leche español. “Disfrutamos mucho de la subasta, pasamos un día muy agradable con otros ganaderos, veterinarios y técnicos del sector, y ponemos en valor el trabajo que seguimos haciendo por la raza holstein española, tal y como quería Eduardo Sánchez Junco”, valora José Manuel.

MÁS DE 25 AÑOS COMO JUEZ

José Manuel Paz pertenece al grupo de jueces nacionales de la raza frisona de Conafe desde el año 1998. “Todo empezó una vez más gracias al fundador de esta granja, que me inculcó desde bien pequeño la pasión por las vacas y me decía siempre que me tenía que formar como juez, pues él nunca pudo llegar a serlo por dificultades con su trabajo”, explica.

Así, comenzó a asistir a las escuelas de jueces, hasta que logró el título e inició su andadura como juez en las pistas de todo el panorama nacional, e incluso internacional.

Esta otra faceta le permitió a José Manuel conocer a muchos ganaderos, la gestión de otras ganaderías y animales que se quedaron grabados para siempre en su memoria. “Hay ciertas vacas que me han marcado mucho, me vienen a la cabeza ejemplares como Viña Tempo Alhambra, que lograba competir en los 90 con vacas italianas, la élite en aquellos años; Retortillo Lindy Pisde, de El Retortillo, que ganó dos concursos nacionales en 1996 y 1997, o Pacho Goldwyn Telva, una vaca fantástica que también se impuso en el Nacional unas tres veces”, una lista en la que añade a “Llinde Ariel Jordan, una vaca increíble que no solo ha sorprendido en España sino también en Europa, por lo buena y lo longeva que es”.

De lo que le han dado los concursos, se queda también con la oportunidad de viajar por el mundo y con los grandes amigos que ha ido haciendo. “Creo que este tipo de convocatorias son muy necesarias para inculcar esta pasión a los jóvenes y para transmitir e intercambiar conocimientos entre los ganaderos”, resalta.

En los certámenes morfológicos “ves hijas de ciertos toros que son muy punteros y adquieres impresiones que a veces no tendrías, porque en la genética dos y dos no siempre son cuatro; si no, todos haríamos vacas excelentes y campeonas. Los concursos te ayudan mucho en esto”, finaliza.

 

EL DÍA A DÍA

A día de hoy, suman un rebaño total de 160 cabezas, de las que ordeñan a unas 80-90 vacas, y están alcanzando unas cifras de producción de 36-38 litros de leche por vaca y día, con 3,70 % de grasa y 3,50-3,60 % de proteína. “No tenemos una media de producción muy alta, porque nos gusta mantener a nuestros animales muchos años en la explotación, unos 10 o 12 años. Son vacas excelentes varias veces a las que les tenemos mucho cariño”, matiza José Manuel.

En la nave principal, las vacas de leche descansan en cubículos con cama de arena y tienen acceso a dos robots de ordeño que instalaron hace dos años y medio.

Las terneras recién nacidas están en casetas y cuando se destetan, a los tres meses, comienzan a agruparse en varios parques según la edad. Están encamadas todas con paja.


J. M. P.: “Tenemos acceso a poco terreno y en la época de lluvias se vuelve complicada la gestión de purines. Es nuestro mayor problema, junto a la burocracia y todo el papeleo que se nos exige”

Las inseminan, dependiendo de su condición corporal, entre los 14 y los 16 meses, y desde que están preñadas y próximas al parto, pasan a un lote especial. Seguidamente, se incorporan a los lotes de producción. “Al principio, dividíamos las primerizas hacia un lado y las adultas a otro, pero hoy en día preferimos tenerlas mezcladas, porque así el ordeño en el robot se hace más ágil. De la otra forma, se nos acumulaban más retrasos en el grupo de las adultas”, explica José Manuel.

Las productoras comen una ración compuesta por 16 kg de silo de maíz, 16 kg de silo de raigrás, 8 kg de pulpa de remolacha ensilada, 3 kg de alfalfa en rama y 6 kg concentrado, además del pienso dispensado en los robots en función de su producción. Las secas se alimentan de pienso de secas y paja a discreción y la recría, con diversos tipos de pienso según su edad y paja, también a discreción.

Gestionan unas 25 hectáreas de terreno, en las que cultivan maíz y raigrás, y se surten también de las fincas de Burgos para la paja y la alfalfa.

“Sembramos siempre un ciclo corto de maíz porque dependemos mucho del tiempo y solemos conseguir entre 40 y 50 toneladas por hectáreas, aunque, por ejemplo, este año fue catastrófico”, confirma.

Cuentan con toda la maquinaria básica necesaria para una explotación –dos tractores, segadora, hileradora, mini pala, desbrozadora, cisterna–, pero “encargamos muchas labores a empresas externas por falta de tiempo, pues en la granja estamos solos mi hermano y yo”.

Pertenecen a dos cooperativas, Cooperativa Ruiseñada de Comillas y Agrocantabria, a las que compran diferentes insumos, como los piensos, los medicamentos y algún forraje, si es necesario. Para el servicio de carro, comparten unifeed con ocho ganaderías de la zona y hace ruta diaria por todas ellas para elaborar las diferentes raciones.

Venden la leche a Nestlé y están cobrando 48 céntimos por litro más las primas por calidades.

De cara al futuro, anticipa que en Cantabria uno de los principales retos a los que se enfrentan es la gestión de los purines. “Tenemos acceso a poco terreno y en la época de lluvias se vuelve complicado. Es nuestro mayor problema, junto a la burocracia y todo el papeleo que se nos exige. Hoy en día, casi nos da más trabajo todo esto que las propias vacas”, lamenta José Manuel, al mismo tiempo que asegura que su afán seguirá centrado en continuar mejorando cada día en todos los aspectos que se pueda de la granja.