LLUIS XANXO-DORIA, ASESOR AGRONÓMICO-NUTRICIONAL

“Hay cultivos, como la alfalfa, que se están desaprovechando porque la mayor parte de la producción estatal se exporta”

La mejora de la calidad del ensilado fue el tema tratado por el ingeniero agrónomo Lluis Xanxo-Doria en las XXI Jornadas Técnicas de Seragro. Con el objetivo de alcanzar una alta eficiencia en la producción lechera, se centró en la importancia de la planificación y la gestión agronómica. Avalado por su trayectoria en grupos cooperativos del Pirineo leridano y en Granja San José, actualmente realiza un proyecto de mejora en el desarrollo de forrajes, junto con Carlos Cantero Martínez, catedrático en la Universidad de Lleida. Más en Vaca Pinta 50.

¿Qué objetivo persigue la planificación agronómica integral?

Establecer un análisis económico basado en un diseño técnico. El 60 % del coste de un litro de leche lo representa la alimentación. Dentro del modelo de máxima producción al mínimo gasto, se abre el escenario de lograr raciones óptimas conformadas por dos tercios de forrajes de alta calidad para facilitar la ingesta del animal y conseguir una eficiencia láctica.

¿De qué manera se pueden maximizar las producciones del ensilado de alta calidad?

Desde hace unos diez años, los laboratorios especializados americanos, como Cumberland Dairy One o Rock River, operan en España y ofrecen una amplia información técnica. Su trabajo permite sacar más jugo a las bases de datos sobre el proceso productivo de un forraje. Para maximizar las producciones del ensilado de alta calidad, aparte de recoger las cifras de la base analítica, hay que canalizar el proceso de ese cultivo desde el momento en el que se decide escogerlo para sembrarlo.

¿Qué aspectos son esenciales a la hora de elaborar la planificación de una plantación?

El primer paso es estudiar la capacidad de base territorial, qué se puede producir y cuánta cantidad, para comprobar el nivel de autosuficiencia del negocio. Seguidamente, a la hora de comprar subproductos o concentrados, toca plantearse económicamente si es más viable cultivar forrajes en fincas en arriendo o comprar directamente el producto vegetal. Existe mucha variabilidad dentro del sector, pero es la primera toma de decisiones. Las ganaderías están creciendo más en la parte ganadera que en la agronómica, por lo que la autosuficiencia no es una característica típica de las granjas actuales.


“La ración de las vacas puede llegar a contener dos tercios de materia seca”

¿En qué fases se debe centrar la planificación agronómica integral?

Dentro de la planificación en la base territorial, hay que saber con qué suelos contamos, qué condiciones climáticas tendremos, qué material vegetal elegimos y con qué criterio lo vamos a cultivar. También es necesario vaticinar qué niveles de calidad conseguiremos con ese forraje previamente escogido, con los limitantes de clima y de suelo, prever hasta qué punto podemos maximizarlo en una ración lechera en función de calidades y volúmenes y, al final, qué transformación nos va a dar en cuanto a producción con leche estandarizada.

¿Cuál es la realidad en lo tocante a la compra del forraje?

España es uno de los países de la Unión Europea que más niveles de concentrado y subproducto consume para las raciones productoras en vacuno lechero. En contraprestación, estamos en zonas donde hay mucho potencial forrajero a lo largo de la península ibérica. Entonces, hay cultivos que yo expongo, como la alfalfa, que se están desaprovechando porque la mayor parte de la producción estatal va dedicada a la exportación. Es un cultivo que históricamente era dedicado como recurso forrajero en la producción lechera.

¿Por qué se prefiere la opción de exportar?

Es un aspecto económico. Las cadenas de comercialización ven más viable vender la materia prima a otros países que mover este forraje dentro del mercado nacional. Antes, en la relación calidad-precio, la alfalfa siempre encajaba dentro de una fórmula de producción lechera y ahora no. Hay que buscar maximizar esa calidad, con el precio que tenga, para que pueda introducirse en esas raciones. 

¿Existen alternativas en otros cultivos?

Sí, pero condicionadas por los factores hídricos. Los dos productos estrella a nivel forrajero para vacas de alta producción siempre han sido el maíz y la alfalfa. Todo lo demás está en otro escenario que hay que afinar mucho para poder introducirlo a un coste competitivo.

¿Los forrajes de invierno podrían ser una buena opción?

Sí. Por ejemplo, hay zonas agroclimáticas que solo hacen un cultivo de verano, como el maíz, y no hacen uno de invierno, o dentro de la plantación de invierno no apuestan por un ciclo corto de un cereal que les pueda dar juego dentro de esa estructura. Entonces, por una parte, no cosechan un cereal de invierno y, por otra, tienen que ir a comprar la paja, como suministro de alimentación, a muchos kilómetros de distancia, porque realmente necesitan ese producto. Es decir, las alternativas están, es una cuestión de planificar.

¿Podrían tenerse en cuenta en cualquier ganadería?

Sí. Cada negocio debe analizar exactamente cuál es el potencial productivo de su base territorial y cuál es el consumo probable de su cabaña ganadera. A partir de aquí, se tomarán las decisiones. ¿Es mejor ir a comprar ese producto o cosecharlo en fincas colindantes realizando el seguimiento para el control de calidad?  La inspección acerca de la excelencia de un ensilado no solo depende del momento de corte y de la recolección, ya influye desde el inicio.

¿Cuál es la decisión más óptima?

Por lo general, se tienden a concentrar más las raciones añadiendo más pienso o más productos que no son forrajes. No obstante, nos olvidamos de que alimentamos rumiantes, que, como mínimo, necesitan un tercio de la materia seca para ingerir en su ración. A mayores, cuentan con capacidad suficiente para alcanzar los dos tercios en su alimentación. Entre ese doble o nada, aparece todo el escenario de mejora.

¿En qué punto está el proyecto en el que trabajas respecto a la mejora en el desarrollo de forrajes?

Tratamos de recopilar mucha información para crear una base de datos amplia. Intentamos detectar los puntos clave, donde se encuentra la capacidad de avance del sistema. En el histórico del sector, si miramos el enfoque grano, siempre ha habido mucha base de información técnica en cuanto a producción y calidad. Tradicionalmente, en el mercado forrajero se ha adoptado la postura del todo vale y de que no era necesaria tanta información. Ahora, la mentalidad ha cambiado y cada vez es más importante tener datos técnicos para traducirlos en cifras económicas y ver los puntos de mejora.


“La mentalidad en un negocio ganadero debe ser la misma con 50 o con 5.000 vacas”

¿Qué camino aún le queda por recorrer a este estudio?

Hemos comenzado en un área más local como es el valle del Ebro, por lo que ahora estamos abriendo contactos en otras zonas geográficas y agroclimáticas. Por un lado, es un reto intentar ampliar la base de datos para operar dentro del territorio nacional; por otro, implica un crecimiento en formación técnica. Para los próximos meses ya he encaminado un plan formativo en Estados Unidos con el propósito de seguir el modelo que se está realizando en este país de referencia y aplicarlo dentro de nuestro sistema.

¿Qué calidades se buscan en los cultivos de maíz?

Las necesidades de la fibra neutro detergente, en concreto a 30 horas, y del almidón. Cada vez más se están intentando seleccionar variedades de grano con doble aptitud, grano y silo, pero que son dedicadas exclusivamente a grano. Eso sí, aplicando una tecnología forrajera, es decir, sembradas a más altas densidades y con los mismos o más tratamientos fitosanitarios, que se puedan realizar como preventivos cuando la planta va destinada con opción grano. Para tener un muy buen producto forrajero es imprescindible tener una buena sanidad vegetal.

¿Cómo se consigue esa buena sanidad vegetal?

Hay que partir de una excelente base genética y de unas condiciones fitosanitarias óptimas en cultivo. En definitiva, se busca una proporción de grano más alta que la materia seca en el ratio entre almidón y materia seca, es decir, ya no es conformar un silo de un 33 % de materia seca, sino que hay que ajustar un silo de un 33 % de materia seca con un 34 %, un 35 % o un 36 % de almidón. Podemos hacer un silo de 36 % de materia seca, sí, pero tiene que ser con un 37 %, un 38 % o un 39 % de este hidrato de carbono.

¿Cuáles son las razones que explican estos porcentajes?

Nos indican que el kilo de ese forraje es rico en almidón, integra mucha energía y económicamente alcanza un valor muy alto. Además, la cantidad de azúcares fermentados que contiene la planta nos ofrece un mejor potencial para que fermente ese producto en el silo. Esto se traduce en una mejor ingesta, transformación y eficiencia. Las empresas están intentando tender a esa línea de selección genética y a esas pautas de trabajo agronómico. 

¿El suelo es determinante a la hora de maximizar la ración de materia seca?

Sí. En el norte de la provincia de Lleida, por déficit de condiciones climáticas y de producción forrajera, formulamos la planificación siguiendo el modelo israelita. Consiste en emplear una tercera parte de materia seca en la ración productiva debido a la escasez de forraje. En cambio, en Granja San José, situada en una zona de mucho potencial forrajero, se puede llegar a maximizar la cantidad con dos tercios de materia seca. Este último se conoce como el método americano, que es el que se está implantando en Galicia en los últimos años. Hasta hace poco tiempo, el maíz era un cultivo desconocido y ahora es mayoritario.

¿El caso de Granja San José se podría extrapolar a otras ganaderías?

Granja San José es una empresa referente en España en la actualidad, es un modelo de explotación intensiva de gran volumen. Se pueden copiar varios parámetros, aunque evidentemente no por dimensiones, algo atípico en el territorio nacional. Hay una serie de conceptos, como el de producción forrajera o minimización de costes, que sí se pueden imitar.

¿Cómo valoras tu experiencia allí?

Muy positiva, me supuso un crecimiento personal y profesional. Muchas de las ideas que estoy planteando en el marco de la asesoría en el proyecto vienen del modus operandi de Granja San José. No tenemos que dejar de pensar que cada ganadero es un empresario, que dirige un negocio y su objetivo es invertir, rentabilizando su gasto, para maximizar su beneficio. La mentalidad en un negocio debe ser la misma con 50 o con 5.000 vacas.