Tras dos años de pandemia, el auditorio de la Facultad de Veterinaria de Lugo fue el lugar escogido para la celebración de las XIX Jornadas Técnicas de Vacuno de Leche de Seragro, publicadas en formato físico en el número 35 de Vaca Pinta. En esta edición, el ingeniero agrónomo y profesor de la Universidad de Kiel (Alemania), Ignacio Ipharraguerre, expuso la relación existente entre la flexibilidad metabólica de las vacas lecheras, su salud y productividad.
¿En qué medida la flexibilidad metabólica determina el rendimiento y la eficacia?
La capacidad de ajustar el metabolismo a las situaciones de estrés es lo que denominamos ‘flexibilidad metabólica’. Esto es fundamental para determinar el nivel productivo, porque a mayor capacidad productiva, mayor tiene que ser la flexibilidad metabólica, puesto que el consumo no puede aumentar al mismo ritmo que lo hace la producción. Animales más productivos, o más eficientes, tienen la capacidad de orientar más cantidad de los recursos nutricionales a la producción a través del ajuste de su metabolismo. Es un concepto fundamental.
¿Es un área a la que se le presta la suficiente atención?
Ha tenido muchísima atención en salud humana. Por ejemplo, una persona diabética es incapaz de usar la glucosa como debería, lo que quiere decir que su metabolismo está comprometido. De ahí viene la investigación en el área de humanos. En el caso animal, en los últimos cinco años ha habido una explosión en esta área, con investigaciones dedicadas a entenderla y a tratar de identificar oportunidades de actuación.
¿De qué manera el período de lactación produce estrés en los animales?
La alta movilización de reservas corporales coincide en periodos como el posparto con problemas de salud. Esto ha llevado a la idea generalizada de que esto es sinónimo de estrés oxidativo. Sin embargo, lo que estamos aprendiendo en estos últimos años indica que no hay evidencia casuística de esto: la elevada movilización de reservas y los problemas metabólicos o infecciosos ocurren al mismo tiempo, pero no necesariamente uno es causa del otro. Esto nos conduce a la hipótesis de que puede que exista otro problema subyacente que hace que en una situación de alta demanda metabólica como es el posparto surja una mayor susceptibilidad a problemas de salud. En ese caso, la alta demanda metabólica no sería el problema, sino otro que todavía necesitamos entender. Sin duda, es necesario plantearse muchas de las realidades dogmáticas que tenemos, en vista de la información que se está generando, para poder abrir la puerta a nuevas alternativas que sean más compatibles con las demandas del sector.
¿A qué se refiere cuando habla de fallos inmunometabólicos?
El inmunometabolismo se refiere a la interacción que existe entre el sistema inmunológico y el metabolismo. Las funciones inmunometabólicas son aquellas que permiten que, en situaciones en las que el sistema inmunológico es necesario para la defensa del organismo, haya una reorientación del metabolismo para asegurarse de que ese sistema inmunológico tiene los recursos necesarios para llevar a cabo su función. Cada vez entendemos mejor los fallos inmunometabólicos, esto es, cómo determinados factores de riesgo que ocurren en periodos críticos como el posparto o la fase neonatal se suman y ese efecto genera una activación innecesaria del sistema inmune que, además, genera fallos en relación con la necesidad fundamental del metabolismo de sostener la producción.
¿A cuáles de estos factores de riesgo se les debe prestar más atención?
Un área concreta es el estrés físico (estrés térmico, como el calor) o psicológico (parto, nacimiento, reagrupamiento…), que en producción tratamos de minimizar mediante el confort. Otra área muy importante es la relacionada con los microorganismos que colonizan los epitelios del animal. En esos tejidos habitan microorganismos que en determinadas situaciones ven su función alterada. Ese desequilibrio abre la puerta a fallos en la activación del sistema inmunológico, lo que llamamos disbiosis, que en el caso de la producción lechera donde más común suele ser es en el tracto digestivo. La tercera área son las infecciones locales (intestino, tracto respiratorio, tracto reproductivo…), que primero afectan a ese órgano o tejido, pero que después pueden contribuir al desarreglo metabólico.
¿Cómo se deben atajar estos problemas?
Podemos pensar río arriba o río abajo, prevenir o tratar. Mi recomendación es pensar río arriba, minimizar la exposición a factores de riesgo para evitar los episodios de inflamación innecesarios. Debemos acudir tanto a las pautas generales de buen manejo (vacunación, manejar el estado corporal, confort, higiene...), como a pautas más específicas, como las nutricionales. También hay varias áreas más nuevas que tienen mucho potencial: la de las intervenciones para evitar los problemas de disbiosis; la de suplementos, aditivos o intervenciones más ecológicas, que apuntan directamente a modificar esa microbiota, y otra más que pasaría por introducir pautas de ejercicio que ayuden a mantener la flexibilidad metabólica.