La ganadería Carboeiro, de origen familiar y con la tercera generación de ganaderos ya al mando de la sociedad, lleva apostando fielmente por la automatización de los procesos y por la variedad de ramas en el negocio desde hace más de veinte años. Combinan su granja de leche con la cría de cerdos y pollos, y están muy satisfechos con la incorporación de dos robots para el ordeño. Más en Vaca Pinta 47.
Localización: Taboada (Lugo)
Propietarios: Mercedes Rigueira, Manuel Salgado, Lionel Salgado y Adrián Salgado
N.º total de animales: 250
Vacas en ordeño: 120
Media de producción anual: 39 l/vaca/día
Porcentaje de grasa: 3,50 %
Porcentaje de proteína: 3,30 %
RCS: 180.000 céls./ml
Venta de la leche: Reny Picot
Adrián Salgado y su hermano Lionel comparten sociedad con sus padres, Mercedes Rigueira y Manuel Salgado, y suman un rebaño de vacas de 250 cabezas, de las cuales ordeñan unas 120. Sin embargo, dedicados al 100 % a la explotación están solo sus padres y un empleado, Hicham Souiri, ya que los dos jóvenes tienen trabajos ajenos a la ganadería.
Adrián, con un ciclo superior de Análisis y Control de Calidad, trabaja en la fábrica de piensos de la cooperativa Aira y su hermano, en una empresa como ingeniero en telecomunicaciones.
Como gran parte de los negocios ganaderos de Galicia, esta granja nació gracias a los abuelos de Adrián, que, emigrados a Suiza, decidieron comprar la propiedad actual y regresar para comenzar a trabajar con tan solo cinco vacas y un circuito de ordeño.
Pasados unos años, se incorporaron sus padres y con ellos también la primera sala de ordeño, en la que podían ordeñar cinco vacas a la vez. Tiempo después, el crecimiento siguió siendo la tónica habitual del negocio y construyeron un establo donde instalaron una sala en espina de pescado 6x2. Finalmente, la última de las incorporaciones fue la de los nietos de aquellos primeros emprendedores, con una nave nueva y dos robots de ordeño.
“Hace aproximadamente cinco años, pasábamos bastante tiempo ordeñando, queríamos buscar un tercer ordeño, pues había vacas muy productoras, y encontrar mano de obra se hacía complicado”, recuerda Adrián.
Ante estas tres necesidades, pusieron sobre la mesa dos opciones: instalar una sala más grande o decantarse por robotizar el ordeño.
Ganar calidad de vida y tener mayor flexibilidad horaria fueron los dos motivos que pesaron más a la hora de tomar una decisión y, al final, apostaron por incorporar dos robots.
CONFIANZA TOTAL EN LA ROBOTIZACIÓN
En la actualidad están alcanzando medias de 39 litros por vaca al día, con unos porcentajes de grasa de 3,50 % y de proteína de 3,30 %.
“Diseñamos con los técnicos de la marca comercial el proyecto de instalación de los robots y nos convenció el sistema desde el primer día”, recalca el ganadero.
Colocaron los dos boxes en paralelo, con una sala de espera y una puerta preselectora, a donde acceden solo las vacas que tengan permiso de ordeño. Al otro lado, se encuentran el foso común de acceso a las pezoneras, la sala de máquinas y la oficina. “En un establo de casi 80 metros de largo, quedó todo muy centralizado y esto nos facilita mucho el trabajo”, indica.
Del paso del trabajo en sala al funcionamiento con robots tienen un buen recuerdo. “Pensamos que la adaptación –dice– iba a ser mucho más complicada”. Iniciaron el cambio con un solo robot y combinando con el ordeño en sala. Cada día pasaban unas diez vacas más al robot y así durante varios días hasta el final: “En 15 días nos olvidamos del tema”.
Notan a las vacas mucho más tranquilas y lograron aumentar la producción unos 6 litros de media y el número de ordeños hasta los 2,9. “Estábamos en una media de 33 litros por vaca al día y fuimos mejorando poco a poco hasta lograr los 39”, resalta Adrián. Además, subraya la cantidad de trabajo que les quitaron los robots y la flexibilidad horaria: “Podemos acabar antes porque no hay problema y para días puntuales esta explotación la puede manejar una sola persona”.
Con la robotización del ordeño, también renovaron los collares de identificación para los animales, pues, aunque llevaban usando esta tecnología desde hace un tiempo, los anteriores no servían para los robots. “Este sistema –añade– te permite detectar una vaca en celo sin estar presente en la explotación y anticiparnos a posibles problemas, porque cuando indica que una vaca no está comiendo bien es que algo pasa”.
Muy satisfecho del paso dado en cuanto a la robotización del ordeño, Adrián reconoce que siempre quisieron ir de la mano de las nuevas tecnologías; de hecho, el primer robot que sumaron a sus instalaciones fue la amamantadora. “Hace casi veinte años que trabajamos con ella, porque siempre intentamos buscar la comodidad en el trabajo”, apunta.
En este sentido, además de los robots y la amamantadora, también cuentan con un empujador de comida. Desde que las vacas empezaron a ordeñarse con los robots, comenzaron a ver que se movían mucho más de noche que de día y que al llegar cada mañana había mucha comida en los pasillos: “Optamos por adquirir un empujador y de inmediato vimos cómo aumentó el movimiento de animales, el número de entradas al robot y, en consecuencia, la producción”. Lo tienen programado para acercar la ración cada dos horas y pasa tanto para las vacas en producción como para las secas.
INSTALACIONES Y ORGANIZACIÓN DEL REBAÑO
En las instalaciones antiguas de la ganadería tienen toda la recría, desde que nacen en boxes individuales hasta que paren y se incorporan al lote de producción, y en la nave más nueva, en la que instalaron los robots, mantienen las vacas de leche y las secas, además de dos lotes pequeños de recría por falta de espacio.
En esta última disponen de 120 cubículos con camas de carbonato y serrín en su gran mayoría. “Nos viene un camión con este material y no llega para todos, entonces en los 25 restantes ponemos arena. Así las vacas pueden elegir la cama que quieran –matiza– y para nosotros el carbonato con serrín da mucho menos trabajo a la hora de gestionar el estiércol”. La recría más joven descansa en paja y a partir de los cinco meses pasa a lotes en los que el suelo está emparrillado.
Venden los machos tan pronto como pueden y las hembras, a los 10 días de vida, pasan a la amamantadora.
En la zona de emparrillado realizan la limpieza manualmente con tractor y cisterna de agua, mientras que en las instalaciones nuevas ya cuentan con arrobaderas de cable que pasan tres veces al día. Acumulan todo el estiércol en tres fosas: una, para producción y secas, con capacidad para un millón de litros, y otras dos, para la recría, en las que cabe otro medio millón. Ninguna de ellas es abierta, pues la primera está cubierta y las otras dos están justo debajo de las parrillas.
Con el estiércol almacenado fertilizan sus tierras y lo van sacando en función de las necesidades de cada campaña.
Los comederos de las productoras y de las secas están recubiertos con resina, “más que nada por limpieza y comodidad” –detalla– y los bebederos son de acero inoxidable y volteables, “para darles la vuelta todos los días por la mañana y por la noche y colocarles agua fresca y limpia”.
En la parte más nueva detectaron que el calor en verano afectaba a la producción y al bienestar de sus animales, por eso decidieron colocar ventiladores. “En la zona de los robots tuvimos que instalar uno grande de aspas porque notábamos que no se acercaban igual al robot”, afirma.
La última de las incorporaciones fueron los paneles solares. “Cuando robotizamos el ordeño –comenta– tomamos también la decisión de apostar por la colocación de paneles solares y pusimos 60. La verdad es que hay una diferencia bastante grande con un ahorro importante, sobre todo en verano”. Adrián añade que se aprovechan de la electricidad mientras producen y que el resto se vierte a la red.
LA BASE TERRITORIAL, TODO UN RETO
La ganadería Carboeiro es socia de la cooperativa Aira desde sus inicios, ya que venían de ser socios de Icos en su fundación, y para las labores de alimentación de los animales reciben su carro todos los días. El unifeed les prepara cada día dos raciones: la de las productoras a diario y alterna entre la de la recría y la de las secas.
La ración de las productoras se compone de 28 kg de silo de maíz, 7 kg de silo de hierba, 2 kg de alfalfa y 8,5 kg de concentrado. Las secas comen 7 kg de silo de maíz, 3 kg de silo de hierba, 3 kg de heno de hierba, 3 kg de paja y 4 kg de concentrado para secas. Las novillas se alimentan de 6 kg de silo de maíz, 5,5 kg de silo de hierba, 4,5 kg de heno de hierba y 3 kg de concentrado.
Todos los forrajes de estas raciones son cultivados por ellos mismos en un total de 80 hectáreas, de las que 50 son propias y 30 arrendadas.
Hacen rotación de maíz y hierba en unas 50 hectáreas y el resto lo destinan a hierba permanente.
Siembran una mezcla de raigrás y tréboles y, de maíz, un ciclo 400 o 450, pues “nos gusta sembrarlo temprano, aunque algún año si tenemos que retrasarlo por algún motivo, bajamos a un ciclo 200 o 250”, puntualiza Adrián. Intentan que la siembra sea en la última semana de abril o, como muy tarde, sobre el 10 de mayo, y lo recogen alrededor del 20 de septiembre, dependiendo del año.
En cuanto a rendimientos, el ganadero aclara que no todas las campañas son iguales, pero que para el maíz puede hablar de unos 50.000 kg/ha. Para las cosechas de hierba no se centran tanto en la cantidad sino en la calidad y buscan “ensilar temprano y abaratar costes”.
Uno de sus mayores problemas es la falta de base territorial, según asegura: “Estamos intentando conseguir más terreno porque vamos muy justos de comida, pero es muy complicado en esta zona hacerse con más tierras. No es nada fácil”. Así, todo lo que necesitan a mayores lo compran fuera o a su cooperativa.
De gran parte de los trabajos que requieren estos cultivos se encargan ellos mismos y solo contratan la recolección del maíz y de la hierba, tanto a los servicios de las cooperativas como a particulares, dependiendo de su disponibilidad.
A través de Aira reciben las visitas veterinarias y los servicios de reproducción, con Roi Capón, y de nutrición, con José María Viana.
¿En qué consiste su trabajo en Carboeiro?
Llevo trabajando aquí unos dos años y medio o tres aproximadamente. Realizamos una visita cada 14 días para hacer una exploración posparto de las vacas a partir de una semana aproximadamente. Revisamos toda la información en cuanto a enfermedades y volvemos a ecografiar a los 60 días para ver que todo está en orden. Dejamos una ventana de 20 días, entre los 65 y 95 días, para que se inseminen. A partir de los 90 días, las vacas que no hayan sido inseminadas, comenzamos a trabajarlas con un protocolo de inseminación a tiempo fijo. Hacemos un diagnóstico de gestación a 28 días y un sexaje, y luego, volvemos a revisarlas antes de secar.
En cuanto a la recría, inseminan ellos entre los 12 y los 13 meses aquellas que tengan el tamaño adecuado y, las que no estén inseminadas, las sincronizamos también a tiempo fijo.
¿A qué aspectos están dando más importancia?
Le damos mucho valor a que las vacas paran sin enfermedades, que tengan unos pospartos muy buenos, y a conseguir que las novillas lleguen con un buen tamaño a la hora del parto y que paran entre los 22 y 24 meses, con el fin de optimizar las producciones vitalicias de estos animales.
La tasa de detección de celos en esta ganadería es muy buena, se aproxima al 70 %, y las inseminaciones por preñez están alrededor de 2,5 para vacas y de 1,3 para novillas.
¿Estáis centrados en mejorar algún aspecto en concreto de cara al futuro?
Creo que sería interesante empezar a trabajar con la genómica para seleccionar mejor los animales, pero hay que ir paso a paso.
¿Desde cuándo trabaja en esta ganadería y por qué comenzó a trabajar aquí?
Empezamos a trabajar en Carboeiro tras la puesta en marcha de los robots. Viendo los resultados que teníamos en otras granjas, Adrián nos dio la oportunidad y aquí seguimos.
¿Qué raciones están administrando y por qué motivos se hacen así?
En el primer y segundo año de trabajo con robots hay que ser mucho más cuidadosos, pero, cuando las vacas ya están acostumbradas, podemos hacer más variaciones. Desde que comenzamos hasta el día de hoy, el censo de vacas aumentó un 25 %, y eso supone que tengamos que adaptarnos mucho a las existencias de forrajes.
Les damos una única ración a las productoras, que consta básicamente de silo de maíz y silo de hierba, un par de kilos de alfalfa y unos ocho kilos y medio de concentrado. El pienso en el robot está ajustado a cada vaca en función de los días en leche y de su producción. Para las secas preparamos una ración con base forrajera muy fibrosa, con buena digestibilidad en los ensilados, solemos utilizar los mismos frentes de los silos de vacas de producción e intentamos buscar buenos silos de avena o una buena paja; por último, seleccionamos un pienso adecuado para esta fase de prelactación. Consideramos que estos 15 días preparto son parte esencial para el éxito de los 15 posteriores al parto, por eso le estamos dando mucha importancia, para que la vaca entre con buena fluidez en el robot, empiece a ordeñarse bien y arranque con producciones altas como requieren los sistemas robotizados.
Finalmente, para el lote de novillas elaboramos una ración con de 6 kg de silo de maíz, 5,5 kg de silo de hierba, 4,5 kg de heno de hierba y 3 kg de concentrado.
¿Cómo de importante es la calidad de los forrajes?
Necesitamos mantener un compromiso entre la cantidad y la calidad de los forrajes, y dependemos mucho de la climatología. La prioridad es conseguir más forraje, pero eso depende de la base territorial y sé que los ganaderos están esforzándose por conseguirla, aunque no es fácil.
DELEGACIÓN DE LA GESTIÓN GENÉTICA
En Carboeiro no le dan prioridad al tipo de sus vacas y a la hora de la selección genética se dejan asesorar por el técnico que les vende las dosis. Adrián admite que delegan mucho esta labor, aunque sus exigencias pasan por buscar buenas producciones, buenas patas y buenas ubres.
Usan semen sexado para todas las novillas, excepto cuando ya llevan dos o tres intentos, que pasan a carne, y en las vacas adultas se decantan por el convencional.
El cruce con carne lo realizan con semen de azul belga o limousin. “Llevamos un par de años trabajando así y no tenemos problemas ni a la hora de quedar preñadas ni a la hora de los partos”, concreta.
DIVERSIFICACIÓN: PRESENTE, PASADO Y FUTURO
Le venden la leche a Reny Picot desde hace unos cuarenta años, cuando comenzó a funcionar la ganadería, y, sobre el precio base (que varía en función de las producciones y anda alrededor de los 40 cts./l), les añaden primas según las calidades de grasa y de proteína.
Con todo, a los ingresos del negocio lácteo se suman también los beneficios de su granja de pollos y de su criadero de cerdos.
La diversificación llegó a Carboeiro poco después de comprar la finca donde están instalados, ya que cinco años más tarde tomaron la decisión de construir una nave para cerdos, que lleva funcionando desde entonces: “El grupo al que pertenecemos nos trae los cerdos pequeños y nosotros los criamos hasta los cuatro meses”.
Además, hace unos veinte años la empresa que les vendía el pienso para las vacas les propuso introducirse en el mundo de los patos. “Levantamos otra instalación y trabajamos en ese sector unos quince años más o menos hasta que las ventas comenzaron a bajar y la misma empresa decidió apostar por las gallinas ponedoras en ecológico. Con la llegada de la COVID-19 y un descenso en las ventas de huevos, asumimos el siguiente cambio propuesto hacia la cría de pollos en ecológico y, desde entonces, continuamos con ellos”, relata.
Tanto los cerdos como los pollos son para Carboeiro un complemento al negocio de la leche para no crecer en número de vacas por los problemas que encuentran con la base territorial. “Cuando uno de los sectores va un poco más bajo, otro se mantiene o va mejor y así vamos aguantando con más fuerza esas caídas”, valora el ganadero.
En las dos naves de pollos llegan a criar unos 8.000 cada tres meses y en la de cerdos, 500 en cada remesa.
De cara al futuro, Adrián, su hermano y sus padres no cuentan con grandes cambios y consideran que el sector se presenta bastante complejo, por las “exigencias, tanto burocráticas como de infraestructuras, que cada vez son mayores y dificultan mucho el trabajo”, asiente. Aun así, sus ojos transmiten cierta positividad y reconoce que la próxima inversión es la construcción de un almacén para la maquinaria y para los forrajes, que ya está en marcha.